Colegio Don Bosco Iquique

Jueves, 17 Diciembre 2020

Evangelio viernes 18 de diciembre 2020.

La Palabra dice

Mt. 1, 18-24 - “Dios está con nosotros”.   

Éste fue el origen de Jesucristo: 
María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto.
Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: “José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque Él salvará a su Pueblo de todos sus pecados”.
Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta: “La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel”, que traducido significa: “Dios con nosotros”.
Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa.

 

La Palabra me dice

Mateo tiene un interés especial en decir que Jesús ha de ser llamado también “Emmanuel” y lo subraya recordando la profecía de Isaías. Un nombre que encierra toda nuestra fe: Dios está con nosotros. Ese misterio último que no alcanzamos a descifrar, no está lejos. Está aquí, con todos y cada uno de nosotros. Tiene sus caminos para hacerse presente en cada vida, pero es en la experiencia interior donde acampa, en lo íntimo del propio ser. Percibir el misterio dentro de nosotros, es el camino. Difícilmente lo hallaremos fuera, si no alcanzamos a percibir su presencia en nuestra existencia. Desde allí nos será más fácil rastrear sus huellas en nuestros mundos.

El secreto consiste en acoger con un corazón confiado esa presencia misteriosa que nos alienta y sostiene. Como ocurrió en la experiencia de José, el justo, que aún perplejo y desconcertado, se inclina ante el misterio de Dios que intuye, pero lo desborda, lo abraza y se entrega a él. 

El camino es adentrarnos en nuestro propio misterio y con la confianza interior de su presencia, encontrarnos con nuestros miedos e inquietudes, nuestras heridas y tristezas, nuestra mediocridad y nuestro pecado. En nuestro fondo más íntimo, Dios nos irá liberando. Corazón adentro, podremos acoger el mensaje de fe que anuncia la Navidad: Dios se ha hecho hombre. El misterio último de la vida está con nosotros y es salvación para todos.

Con corazón salesiano

Un silencio interior sereno, consciente, deseado y propuesto con insistencia a las hermanas acompañó toda la existencia de María Mazzarello desde su adolescencia. Ella hablaba con Dios, percibía en su corazón el misterio cercano de su presencia real. Y en ese diálogo, profundo y diáfano, unificaba todo su ser. La certeza personal de que Jesús se había encarnado en la historia humana para salvar y no para condenar fue uno de los trazos más nítidos de su acompañamiento espiritual. El Padre busca a cada uno de sus hijos e hijas por caminos que sólo él conoce; nadie queda excluido de su amor. Por eso escribe a sor Octavia, por ejemplo: “No te desanimes ante ninguna adversidad; recíbelo todo de las manos de Jesús, pon toda tu confianza en Él y espéralo todo de Él” (Carta 65,1). Junto a una probada conciencia de que la vida es frágil y llena de contradicciones, la Madre despierta en sus hijas una confianza nueva: Dios todo lo irá liberando y transformando… Él solo puede amarnos, basta entregarse “con todo el corazón”. Pasar del miedo, la debilidad o el desánimo, a la confianza en el misterio último de la vida que es solo Amor, pone paz en nuestra vida. Es la fuente bíblica más profunda de la alegría, un rasgo inconfundible de la identidad espiritual de María Mazzarello.

A la Palabra, le digo

Toma nuestro ser por tu cuenta, Señor,
que si no es así, a quién iremos;
toma nuestra vida por tu cuenta, Señor,
que si no, dinos qué es lo que haremos.
 
Nuestro modo de orar por tu cuenta, Señor,
que nos haga ligera la carga,
el trabajo y la lucha por tu cuenta, Señor,
que si no se interrumpe esta danza.
 
En tus manos nuestro deseo de amar
que nos haga más libres de fondo,
que madure en ternura, que madure en verdad,
y que sólo busque la vida. 

Cecilia Rivero en 
En tus manos

Link canción:

https://www.youtube.com/watch?v=OemF5OjhmzA

Fuente: donbosco.arg.or/youtube/google.

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