Colegio Don Bosco Iquique

Miércoles, 14 Abril 2021

Evangelio jueves 15 de abril 2021.

La Palabra dice

Jn. 3, 31-36

El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra pertenece a la tierra y habla de la tierra.

El que vino del cielo está por encima de todo. Él da testimonio de lo que ha visto y oído, pero nadie recibe su testimonio.

El que recibe su testimonio certifica que Dios es veraz. El que Dios envió dice las palabras de Dios, porque Dios le da el Espíritu sin medida. El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en sus manos.

El que cree en el Hijo tiene Vida eterna. El que se niega a creer en el Hijo no verá la Vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.

La Palabra me dice

“El que vino del cielo da testimonio de lo que ha visto y oído“: Jesús habla a partir de lo que oye del Padre. Es transparencia total. Sus adversarios, por no abrirse a Dios y por agarrarse a sus propias ideas aquí sobre la tierra, no son capaces de entender el significado profundo de las cosas que Jesús vive, dice y hace. Al final, este malentendido llevará a los judíos a detener y condenar a Jesús. ¿Hablo de lo que vivo, o simplemente repito frases, enunciados que, en el fondo, no los tengo como convicción? ¿Qué hablo y qué no digo de Jesús? ¿Lo reduzco para acomodarlo a mi forma de vivir, y que no me incomode?

“Dios le da el Espíritu sin medida”: “Dar”, y “sin medida”. No es “imponer”. Un elemento fundamental a la hora de vivir con pertenencia la experiencia de fe en Jesús de Nazaret es la libertad. Juan hace énfasis en que el creer o no creer no depende de circunstancias externas a la persona, sino que depende sustancialmente del proceso de discernimiento que cada hombre y mujer realiza, según sus opciones y principios de vida. El proyecto del Padre es una propuesta y no una obligación. Queda a merced del ser humano vincularse o no a esta propuesta; si lo hace, significa entrar en una relación con Dios, que conducirá a una plena participación en su vida y en su promesa; no hacerlo equivale a despreciar una oferta de amor, a auto-excluirse de la vida y a auto-juzgarse como un ser que aborrece la luz. Recuerdo momentos de mi vida en los que he tenido, o he podido, reafirmar mi fe en Jesús de Nazareth y en la forma de vida que de ello se deriva.

“El Padre ama al Hijo”: Se reafirma la identidad entre el Padre y Jesús. San Pablo dirá que en Jesús habita la plenitud de la divinidad (Col 1,19; 2,9). Por esto, quien acepta a Jesús y cree en Jesús ya tiene la vida eterna, porque Dios es vida. Quien no cree en Jesús se pone a sí mismo fuera. ¿Sigo todavía con la idea de un “juicio externo”, o voy creciendo en la convicción de que el llamado “Juicio Final” es una actitud constante de cotejarme con el Evangelio y la Persona de Jesús?

Con corazón salesiano

La preocupación de Don Bosco en ser herramienta para “dar vida” a los jóvenes a los que el sistema excluía y mataba. Sin olvidarse de cuestionar y profundizar el por qué se daban las cosas de determinada manera, su acción estuvo orientada, ante todo, en tratar de mitigar las consecuencias de la exclusión en los jóvenes, y a la vez formar personas críticas que se dieran cuenta, desde la fe, del tiempo que estaba viviendo, diferenciando lo que es querido por Dios y lo que surge por el egoísmo de las personas.

A la Palabra, le digo

Señor Jesús, que nos comunicas el Espíritu, sin medida. Que estemos atentos para hacer lugar a este Espíritu, que podamos reconocer las experiencias de esta acción del Espíritu en nuestras vidas. Que en nuestras comunidades y en nuestra propia vida pueda acontecer esto de que “quien cree en Jesús tiene vida eterna”.

Fuente: donbosco.org/ar/evangelizaciondonboscoiquique.

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